CALZATE CON LOS ZAPATOS DEL OTRO
Normalmente escuchamos decir: "no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti"
Pero hoy vengo a invitarte a ponerte en el lugar del otro, tratar a los demás como te gusta que traten a ti, respetarlo como deseas ser respetado.
No se trata de pensar o actuar como los demás, es ponerse en el lugar del otro, meternos en sus zapatos, es conectar con sus necesidades y comprender su forma de actuar. A veces nos encontramos en situaciones díficiles y queremos una mano amiga, con una actitud positiva, que sea solidaria y nos escuhe activamente, no sentirnos juzgados, sino apoyados, picologicamente esta sentimiento se conoce como empatia
La palabra de Dios en Mateo 7,12 tambien nos enseña a ser empaticos, dice: "Así que, todas las cosas que quieres que los hombres hagan por tí, así también hazala tu por ellos"
Venimos al mundo a6 vivir en comunidad, no estamos solos y necesitamos los unos de los otros, siempre da lo mejor de ti y recuerda que nuestras acciones son como un búmeran; se dovolverán, tanto lo bueno como lo malo que hagas.
Siendo compasivos y generosos podemos hacer de este mundo un lugar mejor, para nosotros, para nuestros hijos y para los que están a nuestro alrrededor, hay tanto por hacer, comeinza tu, no esperes a que otros lo hagan, si quieres un cambio... cambia tu primero
Les dejo por aqui este cuento anónimo llamado "La ventana del Hospital"
Dos hombres ya mayores compartían habitación en un hospital. Los dos estaban muy enfermos, pero uno de ellos aún podía levantarse de vez en cuando para mirar por la ventana a la que estaba pegada su cama. El otro anciano, sin embargo, estaba postrado en la cama y apenas tenía fuerzas para incorporarse.
Los dos se entretenían hablando, contándose mil historias de su pasado y presente. Se hacían compañía y hablaban de sus vidas, pero el momento favorito de ambos en todo el día era cuando el hombre que estaba junto a la ventana, miraba por el cristal y narraba a su compañero de cuarto todo lo que veía por ella:
– ¡Hace un día estupendo! El parque se está llenando de niños que ríen muy felices, de parejas que llegan con los dedos entrelazados… Los sauces están frondosos y las mariposas revolotean entre las flores. Ay, amigo, qué hermoso jardín tenemos ahí fuera, con un lago de aguas cristalinas y pájaros que se acercan tímidos a beber… y mientras el hombre narraba lo que veía, su compañero cerraba los ojos e intentaba imaginar todo lo que escuchaba. Sonreía y sentía una gran paz y felicidad interior.
Cada día, su compañero narraba lo que veía, y él se hacía una idea de la imagen. Una tarde de verano, le contó que había una orquesta fuera y pasaban carrozas desfilando. ¡Qué bien se lo pasaban!
Y así, los días parecían menos grises, menos duros y más amables. Hasta que mañana, la enfermera encontró el cuerpo sin vida del hombre de la ventana.
Todos sintieron mucho su pérdida, pero sobre todo él, su compañero de habitación.
Al cabo de unos días, pidió que le trasladaran a la cama de la ventana. Quería ver todo aquello que su compañero narraba con tanto entusiasmo. Los médicos accedieron a su deseo y una vez en la cama, y a pesar del dolor, se incorporó para mirar por la ventana.
Pero… ¿Qué veían sus ojos? ¿Y el parque? ¿Dónde estaba el estanque? ¿Y los sauces? Para sorpresa suya, la ventana solo daba a una pared blanca… Preguntó a la enfermera.
– ¿Por qué mi compañero narraba todas esas historias sobre un parque si no existe?
La enfermera le miró compasiva:
– Tal vez sólo quería animarte… (Anónimo)
Me parece expectacular esta historia, pensar en las necesidades de otro nos hace mejores personas, y siempre habrá alguien que necesite tu ayuda, porque aunque no lo reconozcas tienes mucho que dar. Somos bendecidas
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